El 21N que sepultó a Guaidó

  • por Roberto Mansilla Blanco
  • 22/11/2021
Propietario de la imagen: Que Vaina!

Se abre un nuevo ciclo con la "usurpación" cada vez más legitimada

Primero, vayamos a los datos. El "chavismo-madurismo" ganó en 20 de las 23 gobernaciones de Venezuela, con una participación electoral del 41,8%. Si lo medimos en expectativas de cambio, no son datos esperanzadores.

Más allá de las acusaciones de presuntos fraudes y la intimidación con conatos de violencia en algunos centros de votación, los resultados de las elecciones regionales y municipales en Venezuela son certeros: Maduro y su régimen tienen el poder y el control. Y aunque la abstención fue elevada (58,2%) no diluye esa inevitable realidad. Más bien certifica que, para el venezolano, las prioridades son otras en un mundo aún "tocado" por la pandemia y la crisis social y económica que entraña.

Pero lo que parecía un fait accompli de unas elecciones "hechas a la medida" para Maduro da también a entender otras claves políticas mucho más reveladoras. El 21N pone fin a la ficción del mantra lanzado por Juan Guaidó en enero de 2019 y de una presidencia interina sustentada infructuosamente hasta la saciedad por una oposición hoy política y electoralmente vapuleada y dividida.

El 21N pone fin a la ficción del mantra lanzado por Juan Guaidó en enero de 2019 y de su infructuosa presidencia interina

Ese mantra del "fin del régimen usurpador, gobierno de transición, elecciones libres" ya se ha evaporado de iure cuando ya lo estaba de facto desde hace mucho tiempo. Críticas y controversias aparte sobre la naturaleza de la convocatoria electoral, hay un hecho claro: hoy Maduro sale más legitimado en su presidencia y consolidado en su poder.

Porque estos comicios ya tuvieron observación internacional precisamente por parte de los dos actores, EEUU y la Unión Europea, que siguen manteniendo sanciones contra el régimen de Maduro. Pero también porque una buena parte de la oposición, con Guaidó a la cabeza, aceptó el reto electoral, es cierto que con recelos y sin mayores expectativas, pero también dando la sensación de resignación, de quien reconoce de antemano su derrota. Una derrota que pesará inevitablemente sobre el liderazgo de Guaidó y definirá el enésimo e interminable laberinto político en el que se encuentra actualmente la oposición venezolana, a pesar de que 60 países sigan manteniendo la ficción de Guaidó como "presidente legítimo".

Y esto también explica porqué las tres gobernaciones en manos opositoras (Manuel Rosales en Zulia, José Galíndez en Cojedes y Morel Rafael Rodríguez en Nueva Esparta) están en manos de opositores ya amoldados al establishment de poder del "chavismo-madurismo", cuyo margen de maniobra (quizás a diferencia de Rosales en un estado tan estratégico como golpeado como el Zulia) es prácticamente insignificante.

Pero también son reveladores los resultados del régimen en materia de posibles liderazgos futuros que permitan "retroalimentar" al "chavismo-madurismo". Y aquí salen dos nombres a la palestra: Héctor Rodríguez en Miranda y, con quizás menos peso, Rafael Lacava en Carabobo.

Es por ello que el análisis de las elecciones del 21N definen que Maduro volvió a ganar la partida política. Llevó a Guaidó y su desunida oposición a su propio redil, neutralizándolo a pesar del apoyo internacional con el que todavía cuentan. El escenario parece ahora más clarificado a favor de Maduro, institucionalizando un régimen que ha cooptado todos los espacios públicos incluso manteniendo en pie a una oposición dócil y complaciente. En perspectiva, y con los inevitables matices, una reproducción "caribeña" del sistema "putiniano" en Rusia.

Una reproducción "caribeña" en Venezuela del sistema "putiniano" en Rusia

Incluso la propaganda de la presunta "normalización" de Venezuela cobrará mayor intensidad a partir de ahora. Un ejemplo fue que, mientras los venezolanos se preparaban para votar, el Sistema de Orquestas Juveniles de Venezuela obtuvo el récord Guinness como la mayor orquesta al aire libre, 12.000 jóvenes tocando en un patio militar de Fuerte Tiuna, incluso con "Nicolasito" tocando la flauta al revés.

Con todo, el foco ahora está en observar qué sucederá con Guaidó. Y esto puede condicionar la posibilidad de que, a partir de ahora, la realpolitik del poder en Venezuela oblige a la comunidad internacional a repensar sus estrategias. ¿Tiene sentido seguir manteniendo ese reconocimiento a Guaidó? Para solucionar una crisis venezolana que ya desgasta en el contexto internacional, la comunidad internacional se verá persuadida a que Maduro y la oposición retomen el diálogo en México, algo aún incierto, con la finalidad de procrear un reparto de poder claramente favorable al régimen. Y en esto, Maduro también volvió a ganar la partida.

Consolidado en el poder, y con Guaidó en "stand by" toda vez en enero de 2022 tendrá que dejar la presidencia de una Asamblea Nacional sin ningún tipo de poder de facto, Maduro reseteará su manejo de las relaciones internacionales sorteando unos vientos políticos y electorales complejos pero que podría manejar ligeramente a su favor.

La farsa electoral presidencial de Daniel Ortega le ha llevado incluso a la salida de Nicaragua de la OEA, ese organismo incómodo para el eje del ALBA. No sería descartable que Maduro hiciera lo mismo. En Cuba volvieron las protestas pero la represión se intensifica sin aparentemente implosionar a un régimen castrista que pasa por sus peores momentos. Chile va a segunda vuelta electoral presidencial entre un candidato "pinochetista" y un izquierdista. El kirchnerismo salió mal parado en las legislativas argentinas, anunciando nuevos equilibrios de poder hasta el final de su mandato en 2023.

La presencia de Zapatero, la senadora colombiana Piedad Córdoba y del podemita Juan Carlos Monedero en Miraflores con Maduro y Delcy Rodríguez define la perspectiva de que el Foro de São Paulo-Grupo de Puebla maneja estrategias geopolíticas en un 2022 electoralmente clave, con presidenciales en Colombia y Brasil, las dos piezas más apetecibles del pastel izquierdista. Estrategias ya trazadas en la Cumbre de la CELAC celebrada en septiembre pasado en México, con el anfitrión Manuel López Obrador como maestro de ceremonias. Y para ello, un eje clave de esas estrategias es la consolidación del poder de Maduro en Venezuela.

Las piezas políticas hemisféricas del "chavismo-madurismo" se preparan para un intenso 2022.

Por eso, y más allá de casos Saab y "Pollo" Carvajal y de Fase 3 de Investigación en la Corte Penal Internacional por los crímenes de lesa humanidad de Maduro, el 21N certifica la sepultura política en las urnas de Guaidó y la oposición "guaidocista". Presiones internacionales hacia Maduro seguirán existiendo pero las pautas políticas las sigue manejando él con el asesoramiento cubano y la efectiva operatividad de un Zapatero que ya no esconde nada. Las piezas políticas hemisféricas del "chavismo-madurismo" se preparan para un intenso 2022.